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Una de las expresiones más llamativas que aparecen en el Diario: la Divina Misericordia en mi alma de santa Faustina Kowalska es la del «tribunal de la Misericordia». A priori, podría parecer que se trata de un lugar misterioso o de una realidad reservada para unos pocos. Sin embargo, Jesucristo quiso explicar personalmente a la religiosa polaca qué significan estas palabras y dónde se encuentra ese tribunal al que invita a acudir a toda persona sin miedo, con plena confianza en Dios.

Jesús manifestó a santa Faustina Su profundo deseo de que ninguna persona tenga miedo de acercarse a Él. Por eso le pidió que rezara de manera especial por los pecadores:

«Ruega por las almas para que no tengan miedo de acercarse al tribunal de Mi misericordia. No dejes de rogar por los pecadores. Tú sabes cuánto sus almas pesan sobre Mi corazón; alivia Mi tristeza mortal; prodiga Mi misericordia» (Diario, 975).

Estas palabras revelan el inmenso deseo de Jesucristo de perdonar. No espera que el pecador sea perfecto para acercarse a Él; al contrario, lo invita a acudir precisamente con su fragilidad, confiando plenamente en la infinita Misericordia de Dios.

Jesús respondió claramente a esta pregunta en otra revelación recogida por santa Faustina en su Diario. El tribunal de la Misericordia no es un lugar simbólico ni una realidad futura: es el Sacramento de la Penitencia o de la Confesión.

Así se lo explicó a la religiosa:

«Escribe de Mi Misericordia. Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo; allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud» (Diario, 1448). 

Con estas palabras, Jesús nos recuerda que el confesionario es mucho más que el lugar donde reconocemos nuestros pecados al sacerdote. Es un lugar de encuentro, donde Dios derrama Su Misericordia y obra una auténtica transformación en el alma de cada persona que acude a confesar sus pecados con confianza en el perdón de Dios.

Jesucristo llega incluso a comparar el efecto de Su Misericordia en el sacramento de la Confesión con una auténtica restauración espiritual:

«Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. Oh infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde» (Diario, 1448).

Estas palabras de Jesús expresan con gran fuerza que ningún pecado es demasiado grande para el Amor de Dios cuando existe un arrepentimiento sincero.

Su mensaje está dirigido especialmente a quienes sienten el peso de sus pecados o creen que ya no tienen esperanza alguna, ya que la confesión sacramental es una oportunidad única para experimentar el perdón de Dios y comenzar de nuevo.

Por eso, el Señor insiste una y otra vez en que nadie debe dejarse paralizar por el miedo. El confesionario no es un lugar de condena, sino el espacio donde la Misericordia de Dios sale al encuentro de cada persona para devolverle la gracia y la paz interior.

Las revelaciones del Señor a santa Faustina nos ayudan a redescubrir el verdadero sentido del sacramento de la Reconciliación. Lo que muchas veces puede parecernos difícil desde el punto de vista humano, Jesús lo presenta como un encuentro de Amor y Misericordia, abierto a toda persona que se acerque con humildad y confianza en Dios.

Las revelaciones de Jesucristo a santa Faustina Kowalska sobre el sacramento de la Penitencia muestran hasta dónde llega el Amor misericordioso de Dios por cada uno de nosotros. En mi libro Las claves de la Divina Misericordia profundizo en estas revelaciones y en muchas otras contenidas en el Diario de santa Faustina, para ayudarte a comprender mejor el mensaje que el Señor quiso transmitir al mundo en pleno siglo XX a través de la religiosa polaca.

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