Entre 1931 y 1938, Jesucristo le reveló a la religiosa polaca santa Faustina Kowalska las promesas vinculadas a las 5 nuevas formas de devoción a la Divina Misericordia, que son: la veneración de la Imagen de Jesús Misericordioso, la Fiesta de la Divina Misericordia, la oración de la Coronilla, la Hora de la Misericordia y la divulgación de la devoción a la Divina Misericordia.
Estas 5 formas de devoción a la Divina Misericordia contienen promesas concretas de Jesucristo para las personas que las practiquen con absoluta confianza en Dios y con la exigencia de realizar obras de misericordia por el prójimo (mediante la acción, la palabra o la oración).
Jesús le ordenó a sor Faustina Kowalska que dejara constancia por escrito de todas Sus palabras, lo que daría lugar al Diario, la Divina Misericordia en mi alma. Su testimonio es impactante porque nos invita a acercarnos a Él sin miedo, confiando plenamente en Su Misericordia, Bondad y Amor sin límites hacia el hombre.
Aunque la Divina Misericordia siempre ha sido el eje central de la doctrina de la Iglesia Católica desde sus orígenes, la clave radica en la cercanía que Jesús desea mantener incluso con el mayor pecador del mundo porque no hay pecado, por grave que sea, que Nuestro Señor no pueda perdonar a quien se arrepiente de corazón y confiesa sus pecados. Jesucristo desea perdonar y salvar, animando a las almas a no tener miedo de acercarse a Él.
En cuanto a las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia que Jesucristo le transmitió a sor Faustina Kowalska, la Imagen de Jesús Misericordioso fue el inicio de sus revelaciones privadas, ya que el 22 de febrero de 1931, el Señor le dio el mandato de hacer pintar una Imagen suya con la firma al pie de: “Jesús, en Ti confío”.
Especialmente importante es la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia, que Jesús pidió que se celebrara el primer domingo después de Pascua.
En 1935, el Señor le dictó a santa Faustina la oración de la Coronilla para implorar misericordia por uno mismo y por el mundo entero.
Entre 1937 y 1938, Jesucristo le transmitió Su deseo de que se venerase la Hora de la Misericordia, a las 3 de la tarde, que es la hora de Su muerte en la Cruz.
Por último, la divulgación de la devoción a la Divina Misericordia engloba diversas promesas de Jesús para quienes propaguen el culto a Su Misericordia.
A continuación, dejo plasmadas 5 promesas que Jesucristo vinculó a la práctica de las nuevas formas de devoción a la Divina Misericordia. Si quieres profundizar en el conocimiento de todas las promesas que el Señor le reveló a santa Faustina Kowalska, te invito a leerlas en mi libro Las claves de la Divina Misericordia. En sus páginas, te ayudo también a comprender los poderosos mensajes que Jesús le transmitió a la religiosa polaca en el siglo XX. El ensayo está publicado con licencia Imprimátur de la Iglesia Católica.
Las promesas de la veneración de la Imagen de Jesús Misericordioso
«Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria» (Diario, 48).
Las promesas de la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia
(…) «Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata» (…) (Diario, 699).
Las promesas de la oración de la Coronilla
«A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a la hora de la muerte» (Diario, 754).
Las promesas de la Hora de la Misericordia
(…) «En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión…» (Diario, 1320).
Las promesas de la divulgación de la devoción a la Divina Misericordia
«Especialmente a ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche» (…) (Diario, 378).
