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Carrito

El Señor colmó a santa Faustina Kowalska de gracias extraordinarias, entre las que destaca su participación en cada etapa de la Pasión de Cristo, con diversas visiones de los sufrimientos padecidos por Jesús. Además, la religiosa experimentó en su cuerpo los estigmas de la Pasión, sintiendo dolores en los mismos lugares que Cristo tuvo traspasados (las manos, los pies y el costado), sufriendo incluso el dolor de la corona de espinas. Asimismo, santa Faustina gozó de la gracia de ver a Cristo Resucitado. De todo ello dejó constancia escrita en su Diario.

Sobre el Domingo de Ramos, día en que Jesús entró triunfalmente en la ciudad de Jerusalén, sor Faustina escribe un impactante relato, ya que explica el gran sufrimiento que soportó el Señor, a pesar de ser aclamado por el pueblo como el Mesías:

21 III 1937. Domingo de Ramos. Durante la Santa misa mi alma fue sumergida en la amargura y los sufrimientos de Jesús. Jesús me hizo saber cuánto había sufrido en ese cortejo triunfal. Los “Hosanna” resonaban en el Corazón de Jesús con “Crucifícalo”. Jesús me lo hizo sentir de modo singular (Diario, 1028).

El Señor le permitió a santa Faustina vivir los tormentos de cada etapa de Su Pasión, cediéndole una pequeña parte de Sus sufrimientos en la Redención humana. De esta manera, la religiosa conoció la Omnipotencia del Amor y la Misericordia de Jesús por los hombres:

(…) Viví junto con Él toda clase de tormentos de modo singular. El mundo no conoce todavía todo lo que Jesús ha sufrido. Le hice compañía en el Huerto de los Olivos y en la oscuridad del calabozo, en los interrogatorios de los tribunales, estuve con Él en cada etapa de su Pasión; no se ha escapado a mi atención ni un solo movimiento, ni una sola mirada Suya (…) (Diario, 1054).

Sor Faustina también narra la sorprendente visión que tuvo de la flagelación de Jesús a manos de los soldados romanos:

Jueves, Adoración nocturna. Al venir a la adoración, en seguida me envolvió un recogimiento interior y vi. Al Señor Jesús atado a una columna, despojado de las vestiduras y en seguida empezó la flagelación. Vi a cuatro hombres que por turno azotaban al Señor con disciplinas. El corazón dejaba de latir al ver esos tormentos. Luego el Señor me dijo estas palabras: Estoy sufriendo un dolor aun mayor del que estás viendo. Y Jesús me dio a conocer por cuales pecados se sometió a la flagelación, son los pecados impuros. Oh, cuanto sufrió Jesús moralmente al someterse a la flagelación (…) (Diario, 445).

Al relatar la coronación de espinas, sor Faustina asegura que nadie se puede imaginar el tremendo sufrimiento que padeció Jesús por nosotros antes de la Crucifixión:

Cuando me sumerjo en la Pasión del Señor, a menudo en la adoración veo al Señor Jesús bajo este aspecto: después de la flagelación los verdugos tomaron al Señor y le quitaron su propia túnica que ya se había pegado a las llagas; mientras la despojaban volvieron a abrirse sus llagas. Luego vistieron al Señor con un manto rojo, sucio y despedazado sobre las llagas abiertas. El manto llegaba a las rodillas solamente en algunos lugares. Mandaron al Señor sentarse en un pedazo de madero y entonces trenzaron una corona de espinas y ciñeron con ella la Sagrada Cabeza; pusieron una caña en su mano, y se burlaban de Él homenajeándolo como a un rey. Le escupían en la Cara y otros tomaban la caña y le pegaban en la Cabeza; otros le producían dolor a puñetazos, y otros le taparon la Cara y le golpeaban con los puños. Jesús lo soportaba silenciosamente. ¿Quién puede entender, su dolor? Jesús tenía los ojos bajados hacia la tierra. Sentí lo que sucedía entonces en el dulcísimo Corazón de Jesús. Que cada alma medite lo que Jesús sufría en aquel momento. Competían en insultar al Señor. Yo pensaba ¿de dónde podía proceder tanta maldad en el hombre? La provoca el pecado. Se encontraron el Amor y el pecado. (Diario, 408).

Además, a lo largo del Diario, sor Faustina recoge varias visiones de Jesús tendido y clavado en la Cruz:

Durante la Santa Misa vi a Jesús tendido en la cruz y me dijo: Discípula Mía, ten un gran amor para aquellos que te hacen sufrir, haz el bien a quienes te odian (…) (Diario, 1628).

Terminando las letanías vi una gran claridad y en ella a Dios Padre. Entre la luz y la Tierra vi a Jesús clavado en la cruz de tal forma que Dios, deseando mirar hacia la tierra, tenía que mirar a través de las heridas de Jesús. Y entendí que Dios bendecía la tierra en consideración a Jesús (Diario, 60).

A las tres, postrándome en cruz, rogué por el mundo entero. Jesús estaba terminando su vida mortal, oí sus siete palabras, después me miró y dijo: Amadísima hija de Mi Corazón, tú eres Mi alivio entre terribles tormentos. (Diario, 1058).


He de reconocer que todos estos pasajes del Diario de santa Faustina traspasaron mi corazón. Conocer la Pasión de Cristo a través de las visiones de la religiosa fue todo un descubrimiento para mí: podía trasladarme a la Historia viva de la Redención humana para tomar consciencia del tremendo dolor que padeció el Señor por salvarme a mí y a toda la humanidad. A través de esta narración, sentí que yo también podía ser testigo de la Pasión de Cristo y acompañarle en Su sufrimiento.

Si deseas descubrir más visiones de santa Faustina Kowalska, te animo a leer mi libro Las claves de la Divina Misericordia, que he escrito para democratizar el conocimiento y la comprensión del gran mensaje de la Divina Misericordia. Está publicado con licencia eclesiástica Imprimátur, que certifica que todos los contenidos de la obra están en plena consonancia con las enseñanzas de la fe católica.

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