La celebración del Domingo de Resurrección es el eje central de la fe católica. Jesús ha resucitado de entre los muertos y ya nunca más caminamos solos porque el Señor permanece siempre a nuestro lado. Celebramos la esperanza de resucitar a través de Jesucristo, que nos brinda la alegría de la vida eterna.
La Resurrección de Cristo también es una invitación a transformar nuestra forma de afrontar las dificultades de la vida, ya que tenemos la certeza de que Jesús nos acompaña en nuestro día a día y a través de Él podemos buscar la gracia de renacer a un nuevo enfoque de vida, sin tristeza ni desesperanza.
Santa Faustina Kowalska tuvo una visión de la Resurrección de Cristo, tal y como relata en su Diario: la Divina Misericordia en mi alma:
Pascua de Resurrección. Hoy durante la ceremonia pascual, vi al Señor Jesús [en] un gran esplendor se acercó a mí y me dijo: Paz a ustedes, hijos Míos, y levantó la mano y nos bendijo. Las llagas de las manos y de los pies, y del costado no estaban borradas sino resplandecientes (…) (Diario, 205).
El próximo domingo 27 de abril de 2025 también es motivo de alegría para los católicos, ya que se celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, que el propio Jesucristo ordenó celebrar en el mundo entero el primer domingo tras la Pascua de Resurrección, tal y como le transmitió a santa Faustina Kowalska en 1931.
