Jesús le reveló a santa Faustina Kowalska uno de los deseos más profundos de Su Corazón: que ningún alma se pierda, sin importar cuán grande sea su pecado. A través de las revelaciones recogidas en el Diario de la religiosa polaca, comprendemos que la salvación está al alcance de todas las personas que confían en Su infinita Misericordia. Este mensaje, dirigido especialmente a quienes están más alejados del Señor, nos invita a creer que la santidad no es un privilegio, sino una posibilidad real para cada alma que se abandona en la Bondad y el Amor de Dios.
El anhelo de Jesús por salvar a los pecadores
A lo largo del Diario de santa Faustina, vemos cómo Jesucristo expresa insistentemente Su anhelo de salvar a todas las almas, especialmente a los pecadores más empedernidos. Su llamada no es de condena, sino de esperanza: quiere que todos se acerquen a Su Misericordia, tal y como santa Faustina lo dejó escrito en su Diario:
«Hoy, durante una conversación más larga, el Señor me dijo: Cuánto deseo la salvación de las almas. Mi queridísima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas, con tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia» (Diario, 1784).
Este mensaje es la clave del culto a la Divina Misericordia: no importa lo profundo que haya caído un alma; si confía plenamente en Jesús, Él la levantará y la santificará.
Misericordia infinita para todos los seres humanos
Jesús le reveló a santa Faustina que Su Misericordia no tiene límites. Su Corazón está colmado de Compasión por todos los seres humanos y se derrama constantemente sobre todo lo creado:
«Mis entrañas están colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres» (Diario, 1784).
Este deseo de Jesús no es abstracto: es personal, concreto y directo a cada alma dispuesta a abrirse a Su gracia.
La santidad está al alcance de todos
El camino de la santidad no es solo para unos pocos elegidos. Jesús mismo guía a cada alma, directa o indirectamente, para llevarla a la plenitud de vida en Él:
«Escribe, secretaria Mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo» (Diario, 1784).
Esta revelación nos invita a confiar profundamente en la guía del Señor, incluso cuando no comprendamos los caminos por los que nos lleva.
La oración por la conversión de los pecadores
Jesús confía a santa Faustina una misión especial: consolar Su Corazón rezando por la conversión de los pecadores. Esta oración es la que más agrada al Señor y siempre es escuchada:
«El Señor me ha dicho: La pérdida de cada alma Me sumerge en una tristeza mortal. Tú siempre Me consuelas cuando rezas por los pecadores. Tu oración que más Me agrada es la oración por la conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada» (Diario, 1397).
¿Quieres conocer más sobre estas revelaciones? Te invito a profundizar en las enseñanzas de Jesús a santa Faustina leyendo mi libro Las claves de la Divina Misericordia. Allí encontrarás una guía clara y esperanzadora basada en el Diario de la religiosa, que te ayudará a comprender la inmensa Bondad de Dios, a superar el sufrimiento y la culpa, y a vivir con paz y confianza.
