¿Sabías que existe una profunda conexión entre Jesucristo, santa Faustina Kowalska y el papa Juan Pablo II? Es más, ¿sabías que esta conexión está estrechamente ligada a Polonia y la Última Venida de Jesús?
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Revelación de Jesucristo a sor Faustina sobre Polonia y Su Última Venida
«Mientras rezaba por Polonia, oí estas palabras: He amado a Polonia de modo especial y si obedece Mi voluntad, la enalteceré en poder y en santidad. De ella saldrá una chispa que preparará el mundo para Mi última venida» (Diario, 1732).
Diversos autores han interpretado que «la chispa» que saldrá de Polonia es una referencia al papa polaco Juan Pablo II, ya que fue él quien canonizó a su compatriota, la beata Faustina Kowalska, el 30 de abril de 2000, e instituyó en el calendario litúrgico de toda la Iglesia la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo tras la Pascua de Resurrección, como Jesús le había reclamado a sor Faustina.
La beatificación de sor Faustina
Karol Wojtyła comenzó los trámites para abrir el proceso informativo sobre la beatificación de sor Faustina Kowalska el 21 de octubre de 1965, cuando aún era arzobispo de Cracovia, finalizándolos el 20 de septiembre de 1967, fecha en la que ya había sido nombrado cardenal.
Once años después, el cardenal Karol Wojtyła llegaría a convertirse en el papa Juan Pablo II. Durante su pontificado, el 18 de abril de 1993, beatificó a sor Faustina en la plaza de San Pedro del Vaticano el primer domingo tras la Pascua de Resurrección, que fue el día revelado por Jesús a sor Faustina como la Fiesta de la Misericordia.
La primera santa del tercer milenio y la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia por el papa Juan Pablo II
Transcurridos siete años, el 30 de abril de 2000, la beata Faustina fue canonizada por el papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro, conviertiéndose así en la primera santa del tercer milenio y del Año Jubilar 2000. Su ceremonia de canonización también se celebró el primer domingo después de Pascua.
Además, ese mismo día, el papa Juan Pablo II instituyó en el mundo entero la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo tras la Pascua de Resurrección, cumpliendo así el mandato que Jesús le había dado a sor Faustina.
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